El Estado Islámico, el monstruo de cien cabezas


¿Cuál será el futuro del grupo tras su derrota territorial en Oriente Medio?


Posibles frentes de tensión
Primera parte
Asia Central

Por Humberto Kalinesti

ISIS en su época de gloria
 
Mientras las grandes cadenas de medios occidentales concentran su atención en la destrucción de las últimas madrigueras del “Estado Islámico” en Siria e Irak y se “horrorizan” de los ataques de sus lobos solitarios en Europa, el grupo fundamentalista está preparando silenciosamente una operación de pinzas sobre Rusia y China que puede incendiar las fronteras de los dos gigantes de Euroasia.

En nuestra primera entrega vamos a centrarnos en Asia Central, para luego en la segunda parte del informe nos meteremos en la península de Malaca, precisamente en Myanmar (ex Birmania) y otros focos de tensión, donde trataremos de entender como el monstruo está mutando en su forma y método en búsqueda de atenazar en una operación de pinzas a Rusia y China. 
La decadencia de la condición humana alcanzó el zenit cuando la consagración del espanto encarnado en el grupo mesiánico auto proclamado “Estado Islámico”, llevó al drama humano a los confines más profundos que una mente enferma pueda imaginar. Su existencia es la confirmación de cuán lejos se puede llegar, cuando sus motivaciones se confunden entre un dogma fanático e irracional y una buena cantidad de dinero.
Tras la derrota territorial del Estado Islámico en Siria e Irak el monstruo se está transformando y lejos de estar acabado sus cien cabezas preparan nuevos escenarios en donde propagar su ponzoña. Su margen de maniobra no se ha reducido, se ha multiplicado en una diáspora que alcanzó a Europa, Lejano Oriente y Asia Central. Los territorios del grupo fundamentalista se han extendido y seguiremos viendo por muchos años las pantallas de las cadenas de noticias manchadas con sangre.
El presidente ruso Vladímir Putin ya lo había advertido en el 2015: “Uno de los objetivos del Estado Islámico es entrar en la región de Asia Central”. Y en el en marco de la cumbre de líderes de la Organización de Cooperación de Shanghái de 2017 lo volvió a repetir: “De acuerdo con la información de la que disponemos, el “ISIS” tiene planes para desestabilizar Asia Central y regiones del sur de Rusia. En los países de la OCS se han creado y funcionan células clandestinas de combatientes del Estado Islámico”. Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán son el Asia Central, países de amplia mayoría islámica que estuvieron bajo la órbita de la ex Unión Soviética, hoy colindantes con la actual Rusia y China, una zona del mundo poco conocida para el gran público y que puede en no mucho tiempo “brillar” en la cartelera del horror del “Estado Islámico”. El “califato” que soñara su líder Abu Bakr al Baghdadi (vivo, muerto, o resucitado, eso nadie lo sabe) parece estar propagándose y tejiendo alianzas con sectores radicalizados en Asia Central.


 

Asia Central es una de las regiones elegidas por el grupo, una zona clave por su importancia geoestratégica de más de 4 millones de kilómetros cuadrados, casi despoblada con solo 65 millones de habitantes que acumula vitales yacimientos de petróleo y gas natural desde las costas del Mar Caspio hasta los yacimientos de petróleo y gas de Kazajistán. En las cadenas montañosas del Karakorun, en las fronteras de Pakistán, India y China y los valles que penetran hasta Tayikistán y Kirguistán, hay incontables minas de oro, plata, cobre, cromo, magnesio, hierro y los mayores depósitos de uranio del mundo. No solo su particular geografía montañosa y escarpada, sus extensos desiertos, su composición étnica mayoritariamente musulmana y su aislamiento del escenario mediático mundial la hacen diferente, sino que se cruzan en la estratégica ruta de la seda que China está construyendo hacia Europa. Se estima que entre 4 mil y 6 mil combatientes del Estado Islámico son originarios de esta zona del mundo, principalmente del valle de Fergana (el valle de oro como se lo conoce) que comparten Uzbekistán, Kirguistán y Tayikistán huyendo del hambre y la falta de futuro. Muchos se integraron a las filas del “Frente Al Nusra” fundado por Al Qaeda a los que se sumaron kazajos, tayikos, turkmenos, kirguises, uzbekos pertenecientes al Movimiento Islámico de Uzbekistán y uigures (una minoría china de origen musulmán combatida por Pekín).

Valle de Fergana (1)

Habitantes de la etnia Uigur (China) (2)

 

Leña seca”

De este conglomerado de nacionalidades desesperados por la pobreza y empujados al martirio, emerge el mejor combustible para reclutar a sectores radicalizados que se convierten en “leña seca” para el “Estado Islámico”, principalmente entre los jóvenes que ven la falta de futuro en una zona del mundo que aún sobrevive del cultivo de algodón como hace 800 años. El Movimiento Islámico de Uzbekistán que juró lealtad al “Estado Islámico” de la mano del desaparecido Mullah Omar el líder talibán que luchó contra los soviéticos en Afganistán financiado por los Estados Unidos, fue uno de los principales grupos que aportó combatientes para el “Estado Islámico”. A ellos se le unieron grupos radicales como el denominado Adolat (Justicia), que surgió en la ciudad uzbeka de Namangán, uno de los focos del islamismo fundamentalista en la región. Desde el vecino Tayikistán, sobresalió Gulmurod Jalímov, un militar tayiko de las fuerzas especiales de su país entrenado por la CIA que terminó como líder del “ISIS” y que Rusia asegura haber eliminado.

Gulmurod Jalímov
Presunta fotografía del Mullah Omar

A la fuga de ex combatientes del frente sirio a esas zonas para reagruparse y formar nuevos focos de tensión, se le están sumando yihadistas originarios de Chechenia de la propia Federación Rusa, radicales islamistas wahabíes takfiris que viene actuando en la región desde hace 35 años más los intereses de los traficantes de opio que transportan su mercadería desde las fronteras de Afganistán. Un escenario explosivo.
Desde los atentados de Estocolmo de abril de 2017 donde un ciudadano uzbeco atropelló con un camión a decenas de personas en un centro comercial de la capital sueca, el tiroteo en el club “Reina” de Estambul donde murieron 39 personas, el atentado en el Aeropuerto Internacional Atatürk (Turquía) que dejó un saldo de 45 muertos todos protagonizados por atacantes de origen uzbeco y de la etnia china uigur y los 14 muertos que ocasionó un suicida proveniente de Kirguistán que se detonó en el metro de San Petersburgo (Rusia), encendió la alarmas y puso en la mira a Asia Central como exportador de mártires del “Estado Islámico”. El control de las fronteras casi no existe en la región y los campos de algodón y los valles escarpados, aseguran la circulación de los grupos que vienen expulsados del escenario sirio.

Niños uzbekos en un campo de entrenamiento de ISIS (3)
 
Según el jefe del Centro Antiterrorista de la Comunidad de Estados Independientes (CEI) que agrupa a todos los países de la región encabezados por Rusia, Andrey Novikov, “El grupo terrorista exporta un nuevo modelo de actividad extremista desde las zonas de combate de Siria e Irak a los estados de Asia Central”. “Se fijaron un objetivo; expandir su influencia en las regiones del norte de Afganistán y acceder a las regiones fronterizas de los Estados de Asia Central, así como a la Región Autónoma Uyghur de Xinjiang (China)”. (4) El incendio que parece querer arder viene siendo controlado, por ahora, por los gobiernos de la región con mano de hierro y tolerancia cero. Pero eso puede cambiar. La agitación de la etnia musulmana Uigur en China que buscan la independencia del gigante asiático, está creando un dolor de cabeza a las autoridades de Pekín preocupados que la región no se convierta en un centro de separatismo radical. ¿La razón?, Xinjiang es la joya de la corona china, la mayor provincia del “Imperio del Medio”, rica en petróleo y recursos minerales, en donde se construye un gasoducto y oleoducto que abastecerán Shanghái. Aquí chocan dos culturas, los Han de origen chino y la minoría musulmana de los Uigur que bajan de los valles de Fergana. Pero lo que desvela a Pekín, es que este foco separatista no se propague ya que está en medio del camino de la Ruta de la Seda que está construyendo para conectarse a Europa. China no está dispuesta a poner en riesgo su mayor plan de expansión comercial (su plan Marshall) en donde ha invertido ya 300 mil millones de dólares y espera gastar 1 billón en las próximas décadas.

Represión de las fuerzas chinas a la minoría Uigur
La nueva Ruta de la Seda

La minoría musulmana Uigur viene denunciando en todos los foros internacionales la persecución de la etnia por el gobierno de Pekín y China los acusa de fomentar el separatismo y propagar células del “Estado Islámico”. En el 2009 se produjeron enfrentamientos raciales entre los Han apoyados por las fuerzas de seguridad contra la minoría uigur con un saldo de 200 muertos. La herida está abierta y el “Estado Islámico” tiene células infiltradas entre la población uigur esperando convertir a las cadenas montañosas fronterizas con Asia Central en corredores ideales para guerras relámpago.

Intereses geoeconómicos en pugna. Rusia y China por el control del “Heartland”

Desde el siglo XVIII Rusia viene teniendo una enorme influencia política en Asia Central y tras el fracaso de la Revolución de Octubre el país había perdido 4 millones de km² y una zona clave en el “Heartland”, el corazón del mundo según la teoría del geógrafo Halford Mackinder. Tras 25 años de transformaciones, Moscú ha recuperado parte de su poder en las que fueran sus ex repúblicas, hoy independientes. Rusia creó para ello la Unión Económica Euroasiática, un acuerdo de libre comercio que reúne a la mayor parte de los países de Asia Central, Armenia y Bielorrusia realizando importantes inversiones en el sector energético. La red de gasoductos y oleoductos activos y proyectados es notable. Pero China y su poder económico brutal, es quien manda en la región con inversiones que superan los 100 mil millones de dólares y 800 mil millones en infraestructuras que finalizarán en los próximos 10 años. China construye su Ruta de la Seda buscando la concentración del poder euroasiático en el “Heartland”.

Cumbre de la Unión Económica Euroasiática
Xi Jinping y la Ruta de la Seda

Infraestructuras energéticas de Rusia y China en Asia Central
 
Conclusión

Si en Asia Central se mezclan los conflictos separatistas, la infiltración de combatientes que huyen de Siria e Irak y la radicalización de una juventud cada vez más frustrada, producirán una reacción en cadena de imprevisibles consecuencias. Los sueños de Rusia y China pueden convertirse en una pesadilla. Washington está atento, y su influencia en los movimientos insurgentes puede ser el elemento que inicien las llamas que intentará arder por las fronteras de Moscú y Pekín. Vladímir Putin y Xi Jinping, tendrán que dejar a un lado su lucha por la supremacía y apurar sus pasos antes que la filosa hoja del verdugo del “Estado Islámico” caiga sobre la cabeza de Asia Central. -

Fuentes: 
 

Geopolítica del turismo

Por Damián Jacubovich analista internacional y geopolitólogo
Geopolítica del turismo



El turismo es en la actualidad uno de los motores económicos más desconocidos del gran público; y esto, pese a representar aproximadamente el 10%* del Producto Bruto Interno (PBI) del planeta y a proveer aproximadamente 300 millones de empleos en el mundo entero. De esta manera el turismo se consolida como un nuevo sector estratégico que reagrupa actividades cada vez más diversificadas con un peso cada vez mayor en la geopolítica mundial.
Es importante señalar que no se puede explicar este auge del turismo sin tener cuenta los avances tecnológicos de las últimas décadas en materia de transportes (trenes, barcos, aviones, etc..) y comunicacionales.   
A imagen de lo que acontece con el comercio mundial, el turismo ha sido testigo de la emergencia consolidada de los países asiáticos. De esta manera, países de la región de Asia Pacífico tales que China, Malasia, India, Corea del Sur, etc. han visto emerger una clase media que comparte de igual manera que sus pares occidentales una misma necesidad de viajar y conocer nuevos escenarios. El resultado no se ha hecho esperar, hoy el turista chino, ha desplazado a su homólogo estadounidense para convertirse en la principal fuerza motriz de la industria del turismo. A modo de ejemplo, en el 2016, el viajero internacional chino ha desembolsado para sus viajes un total de 261 mil millones de dólares; esto representa una suma mayor al PBI cumulado de Grecia y Portugal. No quedan dudas que el crecimiento económico chino ha hecho de la población china una formidable oportunidad para la industria del turismo convirtiéndose para muchos en la verdadera locomotora del turismo mundial. Este fenómeno ha lógicamente desencadenado una exacerbada competencia entre los países potencialmente destinatarios del turismo chino.
El turismo se ha vuelto fenómeno global masivo, involucrando anualmente según cálculos más de mil doscientos millones de personas y dejando ingresos de aproximadamente mil quinientos millones de dólares.  Para dar una idea del incremento de turistas en los últimos tiempos, se calcula que, en el año 2007, el mundo contaba con 800 millones de turistas, es decir un incremento del 50% en los últimos 10 años. Es importante igualmente aclarar que esas cifras incluyen también el turismo interno y no solamente el turismo internacional.

Turismo, seguridad y terrorismo

El turismo para desarrollarse dentro de un país o territorio, precisa de un elemento esencial que es el “factor seguridad”. El turista suele no elegir como destino, los países calificados como no seguros o en dónde la seguridad haya sido puesta en jaque recientemente.  En ese sentido, la multiplicidad de atentados de los últimos años, cuyos objetivos en numerosos casos han sido justamente lugares turísticos, pone de manifiesto lo mencionado.
Egipto es uno de los tantos ejemplos, en dónde el binomio seguridad / turismo puede influir en la geopolítica interna de un país. Sacudido primero por un terremoto político interno con la convulsionada llegada de los Hermanos Musulmanes al poder en 2012, luego por el Golpe de Estado orquestado por la Junta Militar en 2013 y la sangrienta persecución a los seguidores de los Hermanos Musulmanes. Si a esto, le sumamos una serie de atentados terroristas perpetrados a partir del 2015, no es de extrañar que la economía de Egipto, fuertemente dependiente de los ingresos de la industria del turismo (el turismo representa más del 10% del PBI egipcio) se haya visto fuertemente afectada.  Algunos datos al respecto aportados por RTVE
1-     14.731.000 turistas viajaron en 2010, cifra que cayó hasta 9.327.804 en 2015.
2-      Entre 2015 y 2016 el turismo egipcio de desplomó un 50%

Túnez es otro ejemplo muy similar. 

Finalmente, el turismo, sin dudas está teniendo un rol de importancia en lo que es la difusión de la democracia occidental, siendo estos países los mayores receptores del turismo internacional, la imagen y el modo de vida occidental se ha convertido en un arma de penetración para sociedades con regímenes políticos diferentes. Es el caso no solamente de los turistas chinos cada vez más asiduos visitantes de las grandes capitales occidentales, empapándose de esa manera de un modo de visa occidentalizado; pero lo es también para países receptores de importantes flujos turísticos como el caso de Cuba; en dónde el turismo se ha convertido en un arma de desestabilización por parte de Estados Unidos hacia el régimen cubano. Efectivamente con el desembarco en masa de turistas extranjeros en la isla y con todo el consumismo inherente que conlleva dicha actividad, la población ha visto modificada su percepción de la realidad. En el caso de Cuba, el turismo se ha convertido por ejemplo en una solución para la economía cubana, pero en un veneno para la idiosincrasia del régimen socialista.

Nota de Consulta
Los datos e indicadores han sido sacados del prestigioso programa semanal radial francés “Géopolitique Le Débat”, en su programa de septiembre del 2017 dedicado especialmente a la geopolítica del turismo, habiendo participado del mismo:
Béatrice Gibelin, geopolitóloga, Directora de la Revista Hérodote.
Christian Girault, geógrafo y director de investigación del CNRS.