China: “cuando vayas que no te vean venir”

Perspectivas económicas de China para el 2018 y la próxima década. El ascenso de una nación milenaria a superpotencia hegemónica

Desde la revolución capitalista de Deng Xiaoping hasta el nuevo Mao, Xi Jinping




Por: Humberto Kalinesti

“Cuando vayas que no te vean venir” escribió Sun Tzu en su célebre libro “El arte de la guerra”. China ha tomado esta brillante lección de estrategia militar para transformarse en las últimas décadas como ningún país en la historia reciente. Desde las reformas y apertura hacia el capitalismo aplicadas por Deng Xiaoping en 1978 que disolvió la economía de planificación que rigió a China desde la revolución comunista de Mao, el país se encaminó rápidamente hasta conformar un mundo en sí mismo, una visión renovada del capitalismo, un “socialismo con características chinas” como lo llamaron que transformó no solo al gigante asiático sino que sentó un nuevo precedente que ha convertido al “reino del medio” como históricamente lo denominaron sus emperadores, en el “reino del todo”.
Deng Xiaoping, el gran transformador y responsable de la china moderna dijo alguna vez con su notable pragmatismo: “gato negro o gato blanco, poco importa si caza ratones” anticipando sus ideas revolucionarias que estaban por venir luego del catastrófico fracaso del “Gran salto adelante” de Mao que pretendía transformar la economía agraria tradicional y llevarla a la industrialización, experiencia que le costó la vida a millones de personas por hambrunas producto de una mala planificación y una burocracia endémica. Luego de la muerte de Mao y su intento fallido de volver a las fuentes con la “Revolución Cultural”, Deng Xiaoping anunció “las cuatro modernizaciones” dando inicio a la gran trasformación que consistía en el desarrollo de la economía, la tecnología, el progreso científico y la defensa militar. La comunidad internacional no lo tomó muy en serio, o eso es lo que intentaron demostrar disimulando un temor que luego se haría realidad. Deng Xiaoping estaba hace muchos años observando a Japón y su ascenso a potencia económica global luego de quedar en ruinas tras finalizar la Segunda Guerra Mundial. Japón sirvió de modelo a Deng y se planteó el reto de llevar a China hasta la cima y devolverle el protagonismo que tuvo en los últimos 2000 años.
Desde comienzos de los años 80 del siglo pasado china comenzó una apertura controlada de su economía que, aunque no vamos a extendernos en sus detalles, significó una revolución. Los cambios permitieron al gigante asiático crecer a un ritmo nunca antes visto con picos del 14.16 % en el año 2007 hasta estacionarse en un envidiable 6.4 % para el 2018 según pronosticó el Banco Mundial más del doble que le augura al resto del mundo. A este ritmo y si no hay una catástrofe económica global, China se convertirá en la primera potencia mundial en los próximos años. Pero a pesar de ciertos desequilibrios económicos que ralentizó su economía y que iremos explicando, nadie pone en duda su inevitable expansión. A pesar de seis años seguidos de desaceleración de su mareante desarrollo, los pronósticos apuntan a un crecimiento para el 2018 mayor del esperado rompiendo la inercia negativa que tan preocupado tenía a los escépticos analistas occidentales. La tasa de crecimiento que
todos vaticinaban a la baja en el orden de un 6.2 y hasta 6.0 por ciento para el año que se inicia, tendrán que digerir la píldora y sus malogrados vaticinios porque china crecerá al 6.4 o quizá más, destruyendo al oráculo de Wall Street y la City de Londres.

Obsérvese el vertiginoso crecimiento del PIB desde las reformas de 1978

Como aseguró el economista de Moody’s, Alfredo Coutiño “Ni la misma recesión global del 2009 pudo tumbar a China, por lo que se necesitaría una depresión profunda y prolongada para caerse en la próxima década”. Las estimaciones de las consultoras de riesgo de las élites de Wall Street y la City de Londres, Moody’s, Standard & Poor's y Fitch que controlan como un cartel el 90% del negocio, estiman que China superará a los Estados Unidos en los próximos años y se alejará aún más poniendo fin a la hegemonía norteamericana. China a pesar de su desaceleración propia de una economía que se expandió muy rápido y en un muy corto período de tiempo, está dando un paso tras otro para alcanzar los sueños que Deng Xiaoping anticipó hace 37 años. El “reino del medio” dio un golpe de autoridad sobre la mesa de la economía mundial y no hay nadie que pueda impedir su inexorable progreso.
Veamos en detalle cómo las cuatro modernizaciones que planificó Deng Xiaoping se están materializando y hará que el mundo entero centre su atención en china en los próximos 10 años.

“Las cuatro modernizaciones”

1º “Desarrollo de la economía”
2º “Desarrollo tecnológico”
3º “El progreso científico”
4º “La defensa militar”

China ha duplicado, triplicado y por algunos períodos cuadriplicado el promedio mundial de crecimiento del Producto Bruto Interno en los últimos 25 años. 400 millones de personas se han incorporado a la llamada “clase media” desde el inicio de las reformas de 1978 (la suma de la población de Alemania, Francia, Italia, España, Inglaterra, Holanda, Austria, Suecia, Bélgica, Grecia y Polonia). El 22% de la población vivía en las ciudades a principios de los años 80, hoy suma el 56% y se prevé que supere el 70% para el 2030. El fenómeno se explica a las extraordinarias inversiones en infraestructuras, la instalación de polos industriales y la creación de ciudades que permitieron aumentar significativamente los ingresos medios que pasaron de 20 a 25 euros en las zonas rurales a finales de los años 80 a más de 700 euros en algunas de las ciudades más industrializadas igualando a los salarios mínimos de Portugal, Grecia y España algo impensado hace pocos años. Esto que podría conspirar contra la productividad de las empresas por la histórica “mano de obra barata china”, no difiere mucho debido al crecimiento de los ingresos en países de la región como India, Vietnam o Tailandia que siguen la misma tendencia alcista. Además, China, subvenciona en parte los costos de la energía, da facilidades impositivas y los inversores extranjeros se benefician de deducciones de impuestos para favorecer las inversiones. China sigue siendo un mercado de producción de bajo costo por eso las mayores multinacionales del mundo producen sus productos Made in China, además el Banco Central del la República Popular de China cuenta con las mayores reservas de divisas del mundo con 3.2 billones de dólares. Los números no nos dejan de asombrar, el incremento anual de las exportaciones no baja del 11% y el aumento del consumo de la población es uno de los mayores del mundo con un 10% de promedio interanual, la clase media china está lentamente abandonando su ancestral hábito de ahorrar para volcarse al consumo persiguiendo una mejora en su calidad de vida.

La economía del gigante asiático atraviesa una extraordinaria trasformación, una mutación del modelo tradicional basado en las manufacturas básicas y de dudosa calidad a un patrón sustentado en los servicios y en la alta tecnología. No en vano empresas emblemáticas occidentales y de extrema exigencia en el control de calidad tienen dispositivos en sus productos fabricados en china como Ferrari, Mercedes Benz, BMW, Harley Davidson y un sin número de firmas de alta gama.

Eludiendo crisis financieras internacionales y deseándoles “buena suerte”

China tuvo la extraña habilidad (o no tan extraña) capacidad de sortear todas las crisis financieras de los últimos años sin verse afectada significativamente. La pericia de su conducción económica logró evadir las sucesivas crisis que comenzaron en 1987 conocida como el “Lunes Negro” de la bolsa de Nueva York donde el Dow Jones se desplomó el 22.6% colapsando a las bolsas de Europa y Japón, China ni se inmutó. La siguiente fue la crisis asiática de 1997 donde se vieron afectados Malasia, Indonesia, Filipinas. Taiwan, Hong Kong y Corea del Sur, China fue un espectador. A los pocos años estalla la burbuja de las puntocom en el año 2000 donde 5000 compañías de las telecomunicaciones se “evaporaron” y desataron un escándalo internacional por la fraudulenta manipulación contable, China se enteró por los periódicos. La crisis del 2007 producto de una burbuja inmobiliaria producida en los Estados Unidos conocida como (subprime) donde el Estado norteamericano rescató a los bancos y a la industria automovilística con 750 mil millones de dólares como principales beneficiarios, China hizo recomendaciones aconsejado “prudencia”. La siguiente fue la crisis de la deuda en Europa de 2010 que hundieron a las economías de Grecia, Portugal, España, Italia e Irlanda ahogadas por el déficit, China hizo votos por la recuperación de la eurozona. A pesar de esa sucesión de terremotos financieros, China no detuvo su crecimiento, es más, desde la crisis del “Lunes Negro” de 1987 hasta el colapso de Europa en el 2010 el “celeste imperio” tuvo los mayores índices de crecimiento económico de su historia cuando las economías occidentales volaban por los aires.

Evolución del PIB de China proyectado hasta el año 2050

Los cambios de Xi Jinping el nuevo Mao


La proclamación de Xi Jinping como el nuevo Mao en el XIX Congreso Nacional del Partido Comunista de China

Los delegados del XIX Congreso Nacional del Partido Comunista de China celebrado en octubre de 2017 en Beijing, aprobaron una serie de modificaciones en su estatuto en donde se incluyó el nombre y el pensamiento de Xi Jinping en el texto principal de la constitución lo que equivale a convertir al líder del Partido Comunista en la persona más influyente desde Mao Zedong. La “Ruta de la Seda” también  fue incluido en el texto junto a la figura del gran reformador Deng Xiaoping. Este acontecimiento equivale a trasformar al actual mandatario chino en una personalidad histórica a la par de Mao y Xiaoping consolidando su poder como ningún otro dirigente en las últimas décadas.

La meta que se propuso Xi Jinping es una profunda reforma de la administración de las empresas estatales que concentran los mayores déficit, pero sin planes de privatización. China no es una economía de mercado como se lo entiende en occidente, China creo una economía que algunos analistas llaman “capitalismo de Estado” en donde la propiedad privada de la tierra no existe y es propiedad estatal que renta a los ciudadanos y a las empresas extranjeras con contratos que pueden llegar hasta los 70 años. Aunque esto está comenzando a cambiar con la reciente aprobación de una ley que posibilita la propiedad privada en zonas urbanas y cambios en los tributos de las empresas extranjeras colocándolas en paridad con los poderosos grupos estatales. Todo se está transformando en China, y como auguran algunos gurúes occidentales, tarde o temprano China se convertirá en una economía de mercado al estilo occidental.

China, la mano que mece la cuna
La ruta de la seda



El gran desafío del siglo XXI que se propuso China es resucitar la vieja “Ruta de la seda” también conocida como “Un cinturón, un camino”. Desde la creación de la Organización de Cooperación de Shanghái y la Unión Económica Euroasiática lideradas por Moscú y Pekín, se comenzó a planificar el camino de la Ruta de la Seda, el reto de China que pretende cambiar el gran juego de la economía mundial y proyectar a China a la cúspide de los países desarrollados. Aquí se concentran la mayor parte de la población mundial, el 75% de los recursos energéticos del planeta y más de la mitad del PBI. Esta red de más de 50 países que conectan Europa con Asia marcará el paso de la economía global de las próximas décadas.
Lo que algunos denominan como el “Plan Marshall” chino tiene como objetivo conformar un “nuevo orden económico internacional” y sentar las bases de la futura súper potencia. La ruta comercial y cultural que fue un hito en la historia de la humanidad está de vuelta. Para sostener la epopeya, China creó el Banco Asiático de Inversión e Infraestructura (BAII) con una cartera inicial de 150 mil millones de dólares y a futuro, con la friolera de 750 mil millones para posteriores inversiones que permitirán su independencia económica de las instituciones norteamericanas como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. China está construyendo una red de ferrocarriles de alta velocidad que conectarán sus principales núcleos industriales con el centro de Europa. Esta madeja de vías férreas transcontinentales permitirá el transporte de mercaderías a velocidades de 400 kilómetros por hora conectando sus centros manufactureros con el viejo continente. El puerto alemán de Hamburgo el más activo de Europa, ya se conecta con China a través de una red de vías de alta tecnología. La maraña de arterias se extenderá también por el Sudeste Asiático uniendo Laos, Tailandia, Birmania, Malasia y Singapur. China está construyendo una red de gasoductos y oleoductos que unirán a China con Irán para acceder al Golfo Pérsico y Rusia como principales proveedores de energía. Las cifras de inversiones chinas son estratosféricas superando el billón de dólares algo que no se veía desde el Plan Marshall. Si observamos como Pekín está construyendo su futuro estamos ante la evidencia de la conformación del mayor imperio comercial de la historia.
La “Ruta de la seda” no solo traspasa Euroasia sino que se extiende por el resto del mundo. China invirtió 250 mil millones de dólares en América Latina en la última década y planea algo similar en África, absorbiendo los recursos del continente con cifras que superan los 300 mil millones de dólares. La telaraña económica que está tejiendo China desplazó a las inversiones norteamericanas que venían dominando los últimos 70 años. El “patio trasero” de América Latina y el “continente perdido” africano que subestimó Washington, dejaron el camino libre para que China se proclamara como el nuevo “líder” a seguir por del tercer mundo.

El Yuan como moneda de referencia mundial

El dólar, la moneda de intercambio global que usó Washington como un garrote en los últimos 70 años, está siendo disputado por el yuan en una guerra de divisas, el mundo está cambiando para los Estados Unidos. La consagración de la alianza entre Rusia y China supuso la fundación de un nuevo orden internacional que intentará confeccionar el certificado de defunción del imperialismo norteamericano. El Yuan, la moneda China, se convirtió en la referencia mundial entre las divisas de intercambio comercial y no le quedó más remedio al Fondo Monetario Internacional que aceptarla como protagonista principal de la canasta de monedas del comercio internacional. Explotando la decadencia de los Estados Unidos y haciendo uso de la “economía de libre mercado” que tanto proclamaron los economistas angloamericanos en el siglo XX, China está comprando aceleradamente empresas occidentales. El objetivo de Pekín es la adquisición de tecnología de vanguardia que rápidamente es asimilada y reconfigurada para su imperio en expansión. Su “silencioso” crecimiento va tomando el cuerpo de la industria Occidental como lo hace una enfermedad incurable, una lenta agonía que conduce a un desenlace irremediable.

Preparándose para la guerra

Las contantes provocaciones norteamericanas por las disputas de las islas Paracel, Spratly y Senkaku en lo que se conoce como el “conflicto territorial en el mar de la China meridional” que involucra a Vietnam, las Filipinas, Malasia, Brunéi y Japón puso en alerta al Ejército de Liberación Popular de China. Pero al “Celeste imperio” que los chinos llaman el “Reino del medio” con sus 4 mil años de historia no se la intimida fácilmente recordándole a Washington que para dominar al “dragón” deberá hacer frente a un poderoso ejército tecnológico de 2,3 millones de soldados y en caso de necesidad, como lo aprobara el Comité Permanente de la Asamblea Nacional y Popular, movilizar al mayor ejército que el mundo haya conocido, 800 millones de soldados que incluyen a todos los hombres de entre 18 y 60 años y a todas las mujeres de entre 18 y 55 años. Estados Unidos deberá pensarlo muy bien si está dispuesto a enfrentar a un ejército armado hasta los dientes que equivale a las tropas sumadas de todos los ejércitos del mundo. Pero el Ejército de Liberación Popular de China no son solo masas interminables de soldados. Su Complejo Industrial Militar crece a un ritmo infernal desarrollando armas que están en condiciones de destruir a los Estados Unidos.

Misiles balísticos intercontinentales Dongfeng-31B (DF-31B)
El Pentágono viene siguiendo muy de cerca la evolución de la tecnología militar que sorprende al mundo. El vehículo experimental DF-ZF, una nave capaz de lanzar misiles hipersónicos desde la estratosfera dejó boquiabierta a los estrategas militares de Occidente. El ingenio tecnológico puede soltar armas nucleares a velocidades de 12 mil kilómetros por hora que hace imposible su intercepción. La capacidad del DF-ZF pone a los sistemas de defensas anti misiles de los Estados Unidos en un grave problema. No hay manera de contrarrestar un arma hipersónica que está en condiciones de realizar maniobras de evasión extremas y con capacidad nuclear. Si China decidiera lanzar un enjambre de DF-ZF sobre territorio norteamericano, aunque fueran interceptados y destruidos, caería una lluvia radiactiva que “cocinaría” a los Estados Unidos como en una olla a presión. El Complejo Industrial Militar chino tiene preparado todo un menú de bienvenida para la flota norteamericana como el misil balístico DF-21D llamado “el asesino de portaaviones”, un proyectil hipersónico que alcanza velocidades de Mach 12 (14 mil kilómetros por hora) que trepa hasta la estratosfera y cae en picada sobre un portaaviones para partirlo en dos. La carta la completan los DF-5B mejorados con un alcance de 15 mil kilómetros que pueden llevar varias cabezas nucleares para impactar sobre territorio norteamericano y los Dongfeng-31B (DF-31B) que pueden alcanzar a Europa. China está desarrollando armas para la destrucción de satélites como el misil SC-19, aviones furtivos como el J-20, drones, submarinos nucleares, centenares de navíos, miles de blindados, equipos de comunicación electrónica y un sin fin de recursos militares que sumado a una financiación incalculable hacen traspirar las manos de los analistas del Pentágono.

Conclusión

El avance económico, militar y científico de China pone en valor sus 4 mil años de historia redistribuyendo el balance de fuerza mundial logrando un equilibro que intenta eludir un conflicto militar directo con los Estados Unidos. China es el futuro y si no hay una catástrofe económica global que frustre su constante crecimiento, en no mucho tiempo más ejercerá el liderazgo como máxima superpotencia mundial. Sin embargo, el “Celeste imperio” que protagonizó tres cuartas partes de la historia de la civilización, encabeza junto a Rusia la lista de los peores enemigos de Washington. Los Estados Unidos intentarán llevar al colapso a la economía china antes que sea demasiado tarde. Nadie osa discutir el poder militar, económico y cultural del imperialismo norteamericano y quien lo intente sufrirá el castigo divino de la “excepcionalidad americana”. Lo que deberían recordar los estrategas de la Casa Blanca es lo que afirma un antiguo refrán oriental; “Quien comete muchas injusticias, encontrará finalmente su propia ruina”.

Fuentes:
Gráfico de la evolución del PIB de China proyectado hasta el año 2050 (1)
Gráfico evolución de las ventas minoristas chinas (2)

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